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My name is Merwin Ponce and I have been working with Talent Management for over a year, learning every day about processes associated with Personnel Selection, Personnel Training, Organization Development and Working Environment. Throughout this year, I have developed competencies as a speaker, dictating talks and lectures about working environment, assertiveness, interpersonal communications, solidarity and teamwork. Companies need to know the qualities and talents of their employees, and they can achieve this goal through the Human Resources personnel. Inside Work with Coffee you’ll find material on Personal Development and HR Management. The website’s main language is Spanish (SPA)

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La polarización política como conflicto cultural: Familias que se dividen por posiciones políticas

Venezuela ha vivido un largo y complejo proceso de desajuste social, caracterizado principalmente por la violencia, cuya consecuencia más visible ha sido el surgimiento y consolidación del fenómeno conocido como polarización política. Este proceso divide al país en bloques aparentemente irreconciliables, dificultando la convivencia social, incluyendo dificultades en las relaciones interpersonales, familiares, laborales y de amistad

 

El ascenso de Hugo Chávez a la presidencia de la república  significó efectivamente la entrada de la nación venezolana en un tipo de confrontación política de altísima intensidad, tan amenazada por la violencia que requirió de la instalación de misiones y organismos internacionales como el Centro Carter y la Organización de Estados Americanos (OEA), así como la creación del llamado Grupo de Países Amigos, en calidad de mediadores para impedir la resolución armada del conflicto.

La oposición por su parte, aunque resulta más exacto decir, las diversas modalidades de oposición, ya que ésta no es homogénea en su organización, ha oscilado entre el uso de vías insurreccionales. Bajo una conducción atípica y la alianza coyuntural de los dueños de los grandes medios, especialmente de las televisoras; en calidad de dirigente del movimiento, la acción opositora que comenzó en una escala muy pequeña y terminó convirtiéndose en un inmenso movimiento de masas no partidistas se concentró durante casi 4 años en la meta única y recurrente de lograr la salida inmediata del presidente Chávez de la primera magistratura sin discriminar, en muchos casos, el tipo de vía o recursos al cual apelar.

En ese proceso los medios de comunicación, tanto los privados como los del Estado, terminaron sustituyendo el papel tradicional de “intelectual orgánico”, dejaron de ser “narradores del conflicto político” para convertirse en miembros activos de la contienda, creando así situaciones absolutamente novedosas sin referencia en la vida política nacional, que vinieron a reforzar aún más la emocionalidad e irracionalidad del conflicto.

Todo lo que se ha vivido desde entonces es un estado de conflictividad permanente y naturalización de la violencia política que ha significado el secuestro de nuestros temas cotidianos de conversación, incluyendo los espacios más neutros políticamente hablando como lo son la intimidad y la amistad. El venezolano se ha visto envuelto en una sociedad condicionada al  monotemático debate político, que obliga a familias y amistades, a poner reglas de juego en las que se prohíbe el tema político de manera irrestricta para poder garantizar la armonía.

Es aquí donde Tulio Hernández, autor de la publicación “La polarización política” describe “Pero donde la polarización llega a hacerse más patética es en la dificultad que tienen los venezolanos para lograr acuerdos mínimos en las explicaciones sobre lo que está ocurriendo”. En un país donde el interés público tiene por lo menos más de dos, e incluso tres o más versiones radicalmente contrapuestas, se hace evidente la siguiente formulación ¿Cómo llegamos a esto?

En Venezuela, con la escasa reproducción de información por parte de los medios de comunicación, se ha llegado a entender que todo aquel que difunde una noticia está diciendo la verdad porque decir mentira sería un comportamiento reprochable, aquel que miente habitualmente se considera poco fiable. En Venezuela se ha instaurado el hábito de ignorar la verdad y mentirse los unos a los otros porque es mucho más fácil vengarse de aquel que miente primero, mintiéndole a su vez. ¿Confuso? – El resultado de esto es la fracturación del grupo social, se ven cada día en las calles más conflictos, asaltos y desconfianza, a tal punto que se ha llegado como medida preventiva a la reclusión en casa porque la calle se ha vuelto tan insegura que solo queda un todo contra todos, cualquiera te puede hacer daño. 

La forma en que transita la información sobre la agenda política en la sociedad venezolana parece fluctuar entre lo reactivo y lo puritano, una sociedad en el que reina lo falso. El discurso político tiene dispuesto ente sus objetivos suprimir al otro y autoconsiderarse digno de sobrevivir, considerar que lo que se dice desde mi posición es verdadero y justo de promover como extensible en el tiempo, mientras lo que dice el otro es una mentira.

El  mundo se reduce, o al menos el mundo de la comunicación, a dos tipos de actores: nosotros y los otros. A los primeros se les atribuye cualidades encomiables y a los segundos características reprochables. Para el pro-gobierno sus opositores son aquellos obtusos, que no son capaces de comprender el sentido de su propuesta política y que, en lugar de eso, prefieren desprestigiar y tomar acciones como la huelga y el terrorismo. Por su parte, para el anti-gobierno o la oposición las propuestas del gobierno son intentos epopéyicos y heroicos que no llegarán  a nada. Se ponen en la posición de no ser violentos porque nadie los ha visto ejecutando acciones violentas, entonces eso deja al otro (pro-gobierno) como el palmariamente violento. El panorama social actual bien podría ser, en un intento metafórico, una anfisbena psicopolítica, en la que gobierno y oposición tienen un solo cuerpo pero dos cabezas, y cada una por su lado reclama para sí el cuerpo, que como ya debieron haber concluido, no es otra cosa que el país.


Si algo se define desde el oficialismo no puede ser comprendido como tal desde la oposición, y viceversa. Nadie está dispuesto a decir no me parece, pero a ellos les parece; hay que entenderse, en cambio, cualquiera está presto a afirmar no me parece que el parecer del Otro deba existir. La conveniencia democrática es más que una dificultad. Como resultado, se opta por defender las bases ideológicas del acuerdo, convirtiendo al venezolano en fanático de la verdad y cortadores de lengua de cualquiera que mienta.

Hoy en Venezuela el llamado pensamiento único se está extinguiendo ¿Qué sería de nosotros sí, más allá de la histeria militante, cada uno pudiera decir lo que quisiera con la más pura franqueza, con la cordial bienvenida y con toda observación critica sincera del adversario?

¿Yo, tú..., nosotros, vosotros?... De las identidades sociales y la percepción de felicidad del venezolano.

Vista internacionalmente Venezuela es un país del tercer mundo, incluso con las grandes oportunidades que nos brindan la naturaleza y la geografía. Somos un país con mucho potencial, pero al parecer ese potencial viene acompañado de muy precarias realidades, pues seguimos figurando en listas negativas que nos hacen cada vez más lejos de ser considerados como uno de los países más felices aunque figuremos positivamente en los rankings de felicidad mundial. ¿Cómo se explica esto?

Según el Reporte Mundial de Felicidad elaborado por John Helliwell de la Universidad de British Columbia y Richard Layard de la London School of Economics, la “ciencia de la felicidad” permite entender lo que definen como calidad de vida. “Países con un capital institucional y social fuerte no sólo apoyan un bienestar mejor, sino que son más resistentes a crisis económicas y sociales”. Pero en el caso de Venezuela se ha evidenciado que no existe un capital institucional fuerte, entonces ¿qué hace que el venezolano resista tanto las crisis y se muestre como un ciudadano feliz?

- El ser humano no es un ente pasivo o estático, estamos dotados de una lógica superior, pensamos, producimos y nos comunicamos como ninguna otra especie en el planeta. Constantemente hacemos observaciones, comentamos, confeccionamos filosofías las cuales tienen una influencia decisiva sobre nuestras escogencias, nuestras decisiones y actitudes. Todo este accionar configuran formas de aprehender y entender las cosas que nos rodean y así poder resolver los rompecabezas comunes sobre nuestros origines. El ser humano es en sí mismo un productor de informaciones y significados. Crecemos y nos educamos en un contexto familiar y socio-cultural en el que tradiciones, valores y creencias son adquiridos y reproducidos de generación en generación.  Es así como la percepción de que somos El mejor país del mundo se ha objetivado en cada una de nuestras generaciones.

Desde muy jóvenes aprendemos a discriminar entre los diferentes grupos sociales, aprendemos que pertenecemos  a uno o más grupos específicos, así como el significado emocional y valorativo que esto tiene para ellos. Pertenecer a un grupo determinado, propiciaría en el individuo una identidad social que deriva de la evaluación positiva de sus atributos en comparación con otros grupos: los individuos tendrían la necesidad de auto-evaluarse positivamente respecto de otros. Los venezolanos hemos aprendido a diferenciarnos a partir de la sociedad externa, siempre buscamos hacia afuera, porque fuera de nuestras fronteras están las causas y, las soluciones las encontramos en los demás, no en nosotros mismos. La culpa nunca es asumida como algo individual, esperamos siempre que otro venga y nos saque del rollo en que nos hemos metido. Esto se configura en una baja autoestima y un obstáculo para nuestro desarrollo  individual y grupal. Sin embargo, a pesar de esta baja autoestima al diferenciarnos de esa sociedad externa lo hacemos desde valoraciones positivas: Somos el país de las mujeres más bellas, el país más feliz del mundo, somos el país con los paisajes más hermosos. 


Hemos sido educados para adaptarnos, pensamos en Venezuela como un país en el que no se le puede decir la verdad cruda a sus habitantes, sobre todo noticias que no son buenas, porque hemos sido criados para no procesar esta información. Hemos crecido como un Pueblo que en el fondo, debe ser protegido. Un pueblo así solo está en condiciones de ser gobernado por alguien que decida por él. Son estas ansias de poder las que motivan a la sociedad venezolana. Nos impulsan los deseos de ser más que los demás, de controlar otras personas, de manipularlas, de influenciarlas. Exigimos obediencia y disfrutamos con el temor o el respeto que le profesan los demás, la conocida soberbia del venezolano cuando viaja al extranjero. Nos fijamos metas cortas, poco realistas, poco retadoras, disfrutamos de lo fácil, de lo que no implica mucho esfuerzo, no nos exigimos a nosotros mismos, vanagloriamos al que es vivo y no al que lucha por las cosas que quiere.

No podemos configurarnos como el país más feliz o más triste, porque la situación social, política, económica (resumidas en crisis) no nos permite deprimirnos. ¿Cómo un venezolano que está en la punta de un cerro puede deprimirse si cuando repara en su cansancio le llega un mensaje para comprar leche en una cola del centro?  ¿Cómo una madre soltera puede deprimirse cuando el sonido de la tubería le indica que viene el agua y debe salir corriendo a buscar los envases para almacenarla y lavar toda la ropa posible? ¿Cómo puede un estudiante deprimirse cuando debe pararse a las 4:00 am para tomar el metro y poder llegar a tiempo a su clase?

 – No tenemos tiempo para deprimirnos y ese estado aparente de felicidad se traduce en un estado de adaptabilidad. Salimos adelante como podemos porque no podemos darnos el lujo con esta situación de crisis de sentarnos a reparar y reflexionar qué hicimos mal y como nos sentimos con eso.

¿Qué opinas de este tema? - Apuntalo en los comentarios

Persuasión política y religiosa: Escenarios Venezolanos

Pensar en religión y política puede traernos al debate de verlas en su estrecha relación o bien manteniendo esta visión de ambos conceptos en esferas bien diferenciadas. Para poder hablar de diferencias tenemos que considerar que ambos conceptos son percibidos y establecidos de acuerdo a la cultura y al contexto histórico del lugar al que queramos hacer referencia. En muchas culturas existe una clara diferenciación, donde el político se ubica en la esfera pública y lo religioso es un asunto privado de creencias y valores. Pero, para hablar de contexto me referiré principalmente a Latinoamérica, donde coexisten ambos conceptos dando estructuras peculiares en cada cultura. En nuestro país, por ejemplo, existe una marcada participación descrita, pero real, de la iglesia católica en las decisiones tomadas desde la poli.

            A pesar de los múltiples cambios culturas y sociales por los que ha pasado Venezuela, aún se sigue considerando un país con muchas manifestaciones religiosas, digo muchas para hacer alusión a la gran variedad de creencias y  valores religiosos que día a día son más endebles. En muchos casos, hay religiones del país en los que se veneran figuras como vírgenes o santos especiales, realizando ferias, misas, procesiones, fiestas patronales, cantos folklóricos y otras muchas actividades; tenemos como ejemplos claro, la feria de la Chinita en el estado Zulia o la feria de virgen del Valle en el estado Nueva Esparta, el Estado Lara, celebra las fiestas en honor a la virgen de la divina Pastora, dejando en evidencia la marcada libertad religiosa y de cultos en el país. A pesar de que el cristianismo sigue siendo una de las mayores religiones en Venezuela podemos encontrar el Islam, el Judaísmo o, cultos más locales, el 99% de los venezolanos son religiosos: el 88% católicos, con 26,9 millones. Y los 12% de otras religiones, agnósticos y ateos.

La actitud de los venezolanos hacia la democracia

Desde los años 80 se ha podido observar, en base a medidas de la opinión pública, una tendencia en los venezolanos hacia la alta estima por la democracia. En una escala tipo Likert cuyo objetivo fue medir la idea de que “la Democracia puede tener problemas pero es mejor que cualquier otro sistema de gobierno” se encontró que un 69% estuvo Muy de acuerdo, en una muestra de 1200 personas con un total de casos no válidos de 34, si sacamos nuestros cálculos esto equivaldría a 800 personas. Podemos observar entonces como una gran parte de los venezolanos prefieren la democracia y otra parte posiblemente muestre debilidades autoritarias; recordemos que estamos inmersos en una coyuntura política venezolana caracterizada por la personalización de la política, la presión de distintos sectores por la solución de los problemas afectan y la expansión de valores, por parte del gobierno y sus seguidores, que privilegian la atención a los estratos populares en contra posición a la democracia representativa. 

Nota: si quieren saber más sobre esta media pueden consultar el Latinobarómetro, el cual mide la consistencia de la preferencia democrática, el estudio fue realizado en 2010.
MERWIN PONCE
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Caracas, Venezuela

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